La belleza armonizada de las dos guitarras de Cenk Erdoğan y Antonio Forcione sosiega y emociona en la segunda noche de Alamar

Alamar 2024

Como dos buenos contadores de historias, el guitarrista turco Cenk Erdoğan y el italiano Antonio Forcione deleitaron anoche con la belleza armonizada de sus composiciones en la segunda de las tres citas de la nueva edición de Alamar, el festival de las músicas del mundo que organiza el Área de Cultura, Tradiciones y Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Almería y que este año ha estrenado como espacio escénico el premiado Parque de la Hoya, siendo todos los conciertos del ciclo de entrada libre.

La propuesta de fusión mediterránea oriental y occidental contemporánea encontró anoche en Erdoğan y Forcione sus dos mejores embajadores como bien pueden serlo John McLaughlin o Al di Meola. Los dos guitarristas se conocieron hace 17 años en Estambul en una clase magistral. El maestro y el estudiante soñaron desde ese día con una colaboración y los giros inesperados en la vida postergaron la oportunidad hasta 2019, cuando Antonio y Cenk tuvieron la oportunidad de iniciar esta ansiada colaboración.

De Cenk Erdoğan llama la atención su manejo inigualable de su guitarra sin trastes, una particularidad que hasta el propio Tomatito ha destacado como le hizo saber en un saludo previo el concejal de Cultura, Diego Cruz, al guitarrista turco. 

La riqueza de las melodías líricas orientales de Anatolia es trasladada con ejemplaridad a estructuras y compases de occidente, en lo que suma su versatilidad Forcione, llamado por algunos críticos “el Jimi Hendrix de la guitarra acústica”. El estilo de Antonio es poco convencional, como ha demostrado a lo largo de cuarenta años y más de veinte grabaciones discográficas, y combina jazz, música africana, brasileña y también inspiradas improvisaciones.

El telón se cerrará este sábado, 22 de junio, con Ogun Agrobeat. Una propuesta osada en lo musical que no se conforma con satisfacer a los devotos de las sonoridades africanas y afroamericanas, sino que persigue un diálogo diáfano y sin fronteras idiomáticas o estilísticas con otros géneros musicales afines como el funk, el jazz, la música gnawa, las sonoridades arábigas y etíopes, el nu soul o la electrónica, ampliando las perspectivas originales del afrobeat y evitando el previsible ejercicio de estilo.